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VESTAS, MANJAR DE BUITRES

  • Autor de la entrada:
  • Publicación de la entrada:3 septiembre, 2018
  • Categoría de la entrada:Conflictos

El drama social del que en estos días se hacen eco los medios locales y nacionales comenzó mucho antes a estos dos meses de huelga en que los trabajadores decidimos plantarnos frente a las mentiras que Vestas nos ofrecía como futuro.

Decir que el impacto del cierre de la factoría alcanza a 2000 leoneses/as (entre empleo directo e indirecto) es decir muy poco y es hacer un balance final de víctimas de guerra muy pobre. El conflicto viene de lejos, a lo largo del tiempo se nutre y coge vigor alrededor de dos hitos clave dentro de la empresa:

El primero cuando la ETT Manpower comienza a operar dentro de la empresa y poco a poco acaba consolidada como gestora de los recursos humanos dentro de la factoría. A partir de entonces existen dos categorías sociales dentro de fábrica y se marcan diferencias en salarios, derechos y en la continuidad de los proyectos personales. Temporeros con tiempos de abundancia a los que le siguen períodos de carestía y que “complementaban” con el cobro del paro o ahorros… Y todo esto está “muy bien”… pero solo te vale para “tirar una temporada”. La realidad en cambio era y sigue siendo otra… la gran mayoría de todos ellos llegan a liquidar la prestación de desempleo y otros los ahorros trabajando para Vestas. Son años en los que se suceden y encadenan contratos eventuales, en los que se “asalta” al trabajador temporal y las malas condiciones laborales en inferioridad son la norma de la casa para los trabajadores de este tipo (todo dentro de la “normalidad legal” y la falta de firmeza de las centrales sindicales frente a la complicidad entre la autoridad laboral y empresa). La lista de trabajadores que trabajaron aquí y por los que Vestas “paso por encima” es grande y perfectamente podríamos estar hablando de varias centenas de personas.

El segundo momento es cuando Vestas decide establecer dentro de la propia empresa

un régimen disciplinario con el que se imponen un elevado número de sanciones y despidos (del 2012 al 2017 se pueden contabilizar más de 60 despidos que la mayoría acabaron siendo improcedentes). Dentro de este plan agresivo contra las personas que trabajábamos allí, también, se intentó acabar con el “problema” de las incapacidades temporales y los derivados de accidentes en el trabajo… Donde la gran mayoría de accidentados acaban en recolocaciones “adaptando” sus puestos de trabajo para poder acceder a ellos incluso con una escayola en cualquiera de los miembros superiores o inferiores. Los accidentes laborales al final se transformaban en simples incidentes, gracias a la capacitación de la Mutua Gallega que nos asiste y la “iniciativa” de algún médico y también la mayoría de los supervisores que animaban a la utilización de la tarjeta médica privada (que los trabajadores indefinidos tenemos como parte del acuerdo interno de empresa) para “agilizar y mejorar el proceso”.

Después de 60 días de conflicto social y sin ningún tipo de avance, otros acontecimientos que transversalmente influyen en el conflicto (y que la masa de los trabajadores desconocíamos) salen a flote. Fruto de las reuniones en la delegación de trabajo entre comité y empresa sabemos que la administración instaba a Vestas a la transformación de cerca de 90 trabajadores eventuales en indefinidos por encadenamiento de contratos y superar además los períodos que la ley establece. Lo que no sabemos muy bien es porque esta decisión administrativa, no cumplió con los plazos fijados desde el momento de la denuncia e intuimos que solamente se hizo pública debido a las circunstancias y las dimensiones que estaban alcanzado nuestro conflicto social.

Ahora y más reciente debido al desplante hacia las administraciones de Vestas, por romper los tiempos de espera y plantar un ERE a los representantes de los trabajadores, fuera de la mesa y sin consultarlo previamente ni con la Junta de Castilla y León, ni con el Gobierno de España, de repente aparece en prensa las cantidades de dos ejercicios fiscales de hace más de diez años (que ascienden a más de 90 millones de euros) que se le reclaman, pero que Vestas alega que tributó en su día a Dinamarca… Desde esta sección sindical si creemos en la causalidad, pero para nada en las casualidades y esperamos que esta deuda, amén de ayudas recibidas para mantenerse aquí (más de 20 millones de euros) y las facilidades para establecerse en el polígono del Ayuntamiento de Villadangos del Páramo, no acabe siendo la moneda de cambio para garantizar empleos y continuar con un chantaje social. A pesar de que ahora sostengan que se van y que la culpa es del anterior ejecutivo.

Para garantizar el empleo de una empresa solvente no tenemos por que seguir aportando todos con nuestros impuestos. En realidad tampoco se genera riqueza para la región pues como bien dicen tributan en otro país (esperemos que en Dinamarca no estén contando una historia parecida). Porque no solamente se llevan producción, el beneficio económico también. Riqueza que acaba en manos de grupos poderosos de inversión, dueños de accionariados en cualquier otra empresa donde el último interés son las personas o la sociedad. Pero no será lo que digamos nosotros aquí, sino lo que las correspondientes administraciones dispongan, pues… al final por parte de los políticos no hay ningún problema en escuchar a la empresa y “saber” cuanto y cómo es lo que Vestas pide para intentar echar atrás el ERE que ya esta sobre la mesa y que nos afectaría a todos los trabajadores de la planta.

En circunstancias así es muy difícil (a nivel personal) seguir pensando en hacer una defensa del empleo. La lógica libertaria no nos permite seguir dando soporte a ninguna empresa de este tipo. Desde nuestra sección sindical tenemos esperanza en que la presente experiencia nos sirva de aprendizaje para intentar cambiar y dar otro color a nuestras vidas. Que después de este habrá otros caminos y que aceptar sobrevivir dentro de entornos donde florece un liberalismo tan salvaje (y en connivencia de muchos trabajadores) da lugar a finales de historia así de tristes. No es tirar la toalla, es oponerse a garantías de empleos que lo único que suponen es una sangría para todos, incluso para el que no trabaja aquí. No sabemos como es el futuro que nos viene, pero desde aquí debemos pelear por lograr transformarlo, cambiar nuestra realidad y acercarse a la utopía sin dejar de caminar.

SALUD Y ANARQUÍA!!!

CNT de León

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