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UNO DE MAYO DE 2020: La Plaza Rojinegra, Los Granos Anarquistas y Una Paella.

Este 1º de Mayo será distinto a cualquier otro. No habrá numerosas manifestaciones, ni calles cortadas, ni grandes pancartas, ni infinitos grupos de trabajadores coreando consignas de lucha contra la explotación, ni encendidos mítines llamando a la organización obrera contra las injusticias del Estado y la patronal.

Pero el recuerdo nos trae a la memoria…

– Cualquier día primero de Mayo a eso de las 10 de la mañana en el local de la CNT de la C/ Sta. Marina, o en el de la C/ Fruela II.

                 . Joder compañero, hoy no viene nadie.

                 . Pues…, cogemos los trastos y a la Plaza.

– Y en la Plaza del Grano unos colgando pancartas, otros un cable diciendo a los vecinos si podían enchufarlo para la megafonía. Y los que desempaquetaban una paellera enorme…, ¡y si nos tomamos un vino y un pincho! ¡Ya empezamos!

– La Plaza que se queda vacía porque todos se han ido a la manifestación. Vacía en apariencia, porque a la sombra de los chopos junto a la fuente; se han ido juntando las sombras alargadas de aquellos que siempre querríamos que nos acompañasen, al menos hasta que no podamos recordarles… Como Federica que subida al carro de un tractor nos hablaba de la Revolución Social y Rosa Durruti con la que se fundió en el largo y sentido abrazo de los que no se han podido ver en mucho tiempo. Con Valentín, como un Chaplin con su cacha, al que todos abrazan. Agustín, con sus camisas mil flores haciendo corro para hablar contra el Estado y el Capital. Tazón que gritaba bajo riéndose, “si sé más me muero”. Leonisa y Julio que seguían ofreciendo su casa para guardar a los huidos. Lizano que del brazo de una compañera y con su libro de poesías, se acercó al micro y… ¡Mamíferos! Antonino con su boina negra conversando con los más jóvenes de la Idea y la “Tierra y Libertad”. Abel, escribiendo sobre los “Solidarios” con su sempiterno cigarro y su copa de vino. Saturnino haciendo tiempo para ir a buscar al lugar acordado a Buenaventura para llevarle a sitio seguro. Rúa, Maestro necesitado de poesía, que había llegado de Gijón. Román que libró de muchas movidas, pero que no quiso sobrevivir a la muerte de su compañera. Lisardo recogiendo libros y periódicos en su caja de herramientas de cantero para llevarlas al Sindicato. Vitoria a quien su abuelo y sus tíos llevaban de pequeña cogida de la mano al local de la calle de la Rúa. Santiago, desaliñado y pensativo, mirando ensimismado los chopos de la Plaza. Carme, con una bandera en una mano y en la otra con su bolso con el bañador y las chanclas aún húmedas.

También están los del monte, los últimos que no bajaron las armas, y los que se la jugaron ayudándoles. ¡A por el todo! Dicen los de Fabero. Y tantos más, – con condenas a muerte, años de cárcel y de reclusión en campos de concentración, clandestinidad y exilio a sus espaldas -, que no pertenecen a ningún patrimonio, ni forman parte de ningún culto a los héroes y mártires ni demás plegarias de la nostalgia. Ya no están, pero se han quedado como compañeros/as, porque llevaron un mundo nuevo a nuestros corazones.

-Llegan los de la manifestación, por oleadas, un sin dios en movimiento. El mejor ejemplo de lo que no debe de ser una masa disciplinada. Una compañera se acerca al micro, menuda pero con el vigor suficiente para que se entienda todo lo que dice:

¡Salud a todos! Compañeras, compañeros, no estamos todos, faltan los presos.

No hemos salido del estado de confinamiento y ya nos están diciendo cómo va a ser la vuelta a la normalidad. El Estado ha creado los principios y los fines de la nueva normalidad, la emergencia del orden y el sometimiento, – (¿qué pintan los militares leyendo el parte diario del gobierno?) -; la ideología y la doctrina a seguir y sus formas de aplicación.

Pero hay cosas que nunca cambian, ni aún estando limitados por las circunstancias del destino el pueblo pobre y trabajador puede dejar de ser el objeto de los abusos patronales, ni de la ira de los cuerpos de represión, ni el conejillo de indias de los experimentos del Estado.

La patronal ha ejecutado con celeridad un sistema de ERTES y despidos masivos a la vez que exigen todo tipo de ayudas económicas alentados por la intención del gobierno de decretar unos nuevos Pactos de la Moncloa y una “extrañas” medidas de vigilancia sanitaria y de movilidad de las personas.

“Sectores estratégicos” como los bancos y las fábricas de automóviles, por iniciativa propia, van a comenzar una vuelta al trabajo paulatina, realizando test sanitarios a sus trabajadores, a los que ahora no pueden acceder ni los que lo necesitan. Una trabajadora del sector automovilístico decía que en su centro de trabajo estaban hacinados y que no había condiciones higiénicas adecuadas. “Tratan a los trabajadores como a cerdos. Trabajar, comer y reproducirse, es lo que nos piden”·.

Los sindicatos de empresa y de Estado escuchan, obedecen y buscan la mejor mesa para celebrar las próximas negociaciones. Sentados a su lado los de la Conferencia Episcopal que han cargado contra las ayudas sociales (rentas, subsidios), aunque el estado les está subvencionando generosamente, como a los actos.

El hedor a nacionalsindicalismo bendito es insoportable. Liberados y los de los comités de empresa no aparecen por sus trabajos, porque no hay máscaras para tantos mercenarios. No están para esto, están para colaborar.

Pero la peor de las consecuencias de toda esta locura es que la manipulación del Estado en connivencia con el Capital, hayan logrado convencernos de que si te has quedado en la calle de la noche a la mañana es por tu propio bien; que si la policía te para en la calle y te reprime o te humilla te lo tienes merecido por insolidario; que si el jefe despide en manada a toda una plantilla con una mano, pero dona mascarillas y respiradores con la otra, es un héroe del pueblo; o que encerrado en tu casa puedes convertirte en un miembro productivo de la sociedad expiando a quien ose hacer lo que tu consideras reprobable, o no hacer lo que consideras un deber se merece un castigo ejemplar, convirtiéndote en poli, juez y verdugo de escalera.

Pero hay quien NO está dispuesto a guardar el nuevo Estado de bienestar confinado, ni la distancia social.

¡Salud y Anarquía!. (Ahora los compas de GANDALLA nos tocarán una versión de “A la barricadas”. A disfrutar)

# Cuentan que unos noctámbulos, – los menos fiables del Barrio Húmedo -, que ese día por la noche vieron a un par de gatos negros ojeando un libro que había quedado olvidado en el suelo: George Orwell. “Rebelión en la Granja”.

Aseguran que les oyeron decir mientras sacaban las garras y marchaban bufando… “Esta noche se van a enterar los amos y sus perros”.

La situación actual es difícil para todxs sin excepción, por eso hay que estar más organizados, y ser más solidarios y voluntariosos que nunca. Ningún empresario, ni político, ni la religión con toda su propaganda, van a resolver tus problemas; por ello, mas que nunca, hay que fomentar la solidaridad y el apoyo mutuo en los barrios, con tus vecinos y tus compañerxs.

Este 1 de Mayo, desde tu casa o tu trabajo, aunque no sea en las calles, organízate y combate las injusticias laborales, patronales y sociales, porque esos son los auténticos virus de esta sociedad.

¡QUE VIVA EL 1º DE MAYO!

¡QUE VIVA LA CNT!

Rebor2020

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