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Los anarquistas en Gordón (León), durante la guerra civil

LEÓN, LA GUERRA, 1936

“Con la capital en manos de los falangistas –la mayoría de nuevo cuño- y las tropas nacionalistas, convencidos ya de que nada se podía hacer allí de momento, todo el que pudo se replegó hacia el Norte, a las zonas todavía libres. La concentración de las tropas en León y otros puntos estratégicos favoreció al principio la circulación por el resto de la provincia de una cierta libertad. Pero inmediatamente se marcaron las posiciones y se polarizó el control de las dos zonas. Quienes pudieron aprovechar la ocasión se concentraron en la franja Norte de la provincia, de dominio republicano; el resto quedo bloqueado en terreno franquista. El paso hacia la zona todavía libre se convirtió en la obsesión, cada vez más peligrosa y difícil, de mucha gente, y la organización anarquista hubo de combinar la rápida tarea de reconstrucción en el Norte con el esfuerzo por evacuar a los militantes atrapados en las zonas ocupadas.

EL REPLIEGUE HACIA EL NORTE

Una parte de la militancia que había salido de la capital en busca de armas ya no pudo volver a León. En dirección a San Andrés de Rabanedo había salido el día del golpe [de Estado] una furgoneta con una veintena de hombres, en su mayoría de CNT y Juventudes Libertarias, entre ellos Agustín Juárez, Lisardo Llamazares, “el chato”, etc. De San Andrés fueron buscando armamento a Villabalter, a casa del cura. De allí volvieron a San Andrés y continuaron viaje hasta Carrizo. En este pueblo se enteraron a las dos de la tarde de la salida de las tropas [golpistas] a la calle en León, y regresaron precipitadamente por la Virgen del Camino. Al llegar a León, un grupo cruzó el río Bernesga por detrás de San Marcos, y otros entraron andando por el puente de piedra (Lisardo, Juárez, Pedro Salgado –de Villalbater, minero y cargado de dinamita-, etc). A este grupo se había unido Lorenzo Martínez “el Ronda”, que había estado en la zona de Astorga y Veguellina. Desde el otro lado del puente los guardias civiles les provocaban para que avanzasen, y en una iniciativa afortunada de “el ronda” decidieron dar la vuelta, batidos ya a tiros desde la Casa del Pueblo. Lisardo Llamazares se refugió en casa de Lorenzo, en Oteruelo. Hasta allí les siguió la guardia civil, buscándoles a ambos y a Pablo Fernández Zapico. Lisardo durmió al día siguiente en el cementerio de Trobajo, y otra noche en el campanario. Luego se fue a Villafruela del Condado y a Cañizal, donde tenía familia, consiguiendo pasar a la zona republicana en el mes de septiembre.

También “el Ronda” consiguió pasar, pero no su hermano Federico Martínez, igualmente de CNT, que apareció muerto en Santibáñez de Porma.

Agustín Juárez, tras ser rechazados en San Marcos, se dirigió a casa de sus padres, en San Andrés. Sobre las doce de la noche organizaron un grupo para hacer guardia en la cuesta de San Andrés, y las noches siguientes durmieron en las eras como precaución. A los ocho o diez días, cuando los sublevados comenzaron a organizar la caería, subieron a por ellos, y tuvieron que pasar al Norte.

Damián de Antonio, de la FAI de León, acababa de llegar de Asturias en busca de armas cuando estalló el golpe. Vivía en la Serna, y de camino al taller donde trabajaba de tallista de madera, en la Avenida Padre Isla, tuvo que ir escondiéndose como pudo. Desde la iglesia de Renueva un fusil ametrallador batía la calle y los alrededores. Damián se encaminó hacia San Marcos, cuando los mineros agotaban allí su última dinamita. Ante la evidencia, regresó a casa para marchar, y encargó a su mujer que avisara al Toto de que le esperaba en la carretera de las Ventas. Pero este no llegó y Damián hubo de marchar.

Laurentino Tejerina, que había conseguido marchar en el último momento del Gobierno Civil asaltado por los sublevados, fue a buscar a su compañera Rosina a Vitoria y, andando y ocultándose en la casa de los amigos, logró llegar a Pola de Gordón, no sin antes tener que dejar por el amino a su hija Violeta, de 13 años.

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Unos antes y otros después, todos los que pudieron pasaron al Norte. La Organización también se volcó en el rescate de personas hacia terreno seguro, destacando en esa labor Julio Fernández “Zancajos”, a veces acompañado por “Cabraloca”, y Horacio Fresno Martínez.

LA REORGANIZACIÓN EN EL NORTE

A medida que los militantes se fueron replegando hacia la zona de control republicano, quedaron repartidos por los pueblos por razones de afinidad, paisaje o por simple coyuntura. Pero en este momento las razones defensivas y la labor de reorganización fueron prioritarias para la CNT. Los meses que siguieron fueron de una intensa actividad en todos los órdenes, tratando de normalizar la organización en aquél ambiente de guerra.

El 10 de septiembre de 1936 ya se celebró en Villamanín una gran asamblea general de la CNT, donde fue muy discutida la postura a seguir ante la militarización, y se acordó la inmediata creación de una Comarcal.

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Las reuniones se sucedían… En la importante reunión que se celebró en Cármenes el 15 de octubre presidida por Antonio González, se dio cuenta de los acuerdos adoptados en el Congreso de Villamanín. Además de los nombramientos en representación de la CNT a los distintos comités y de los cargos de secretario general (Generoso Balbuena), secretario de actas (Lisardo González) y vocales (Prudencio Barrios y Celestino Rodríguez), se nombró una comisión para requisar alimentos por los pueblos de la zona (Elgio González, José González y Gregorio García). Sin duda, el acuerdo más transcendental del Congreso de Villamanín fue el de la inmediata creación de sindicatos en cada localidad, por cuanto supone de voluntad de resistir y al mismo tiempo de mantener los principios anarcosindicalista en su integridad.

Inmediatamente, en cada una de las localidades en que se habían establecidos los militantes se constituyeron sindicatos, y así pueden verse representados en el Pleno Comarcal celebrado en Villamanín el 16 de octubre a los sindicatos de Pola de Gordón (tres delegados), Santa Lucía (dos), Mina del Oro (dos), Villamanín (dos), Casares (dos) y Cármenes (tres). A este pleno (presidido por Emilio Oricheta y con Juan Carballo como secretario) asistió Laurentino Tejerina para pedir el nombramiento de dos delegados de la CNT en la Delegación del Gobierno Asturiano para León. Fueron elegidos Antonio González (Orden Público) y el propio Tejerina (Hacienda y Abastos).

De este Pleno salió el Comité Comarcal formado por Mariano Álvarez (secretario general), Ángel Izquierdo (secretario de actas), Alfonso Modino (tesorero) y como vocales Agustín Juárez y Santos Bayón.

La vida de los sindicatos estuvo determinada por el movimiento de los afiliados y, en definitiva, por la marcha del frente.

(…) Al mismo tiempo que se participaba en la Gestora de CNT-UGT (en la Junta General de 6 de noviembre fueron nombrados por representantes por los anarquistas a Oneroso Balbuena, José Castañón y Andrés Montero), se había constituido el 24 de octubre la “Federación Comarcal de León” con los miembros recuperados, lejos ya de la improvisación de los inicios. En Villamanín, centro orgánico de todas estas actividades, se celebró un Pleno Comarcal el 18 de noviembre, de la mayor importancia. Presidido por Manuel Miguélez, con Mariano Álvarez como secretario de actas y Modesto Martínez de notas, asistieron representantes del Sindicato de Oficios Varios de Cármenes (Aurelio Díez, Prudencio Barrio, Francisco González y Alfredo Álvarez), Pola de Gordón (Restituto Herrera), Milicias de Pola (Manuel Miguélez y Felipe Cañón), Santa Lucía (Julio Fernández y José Morán), y Mina del Oro (Francisco Arias). Se contó también con la presencia del tesorero, Aurelio Díez Fernández, y de Antonio González, ya en labores de investigación y vigilancia.

Fue un pleno maratoniano (terminó a las dos de la mañana), donde además de los asuntos de trámite (…) volvió a debatirse sobre aspectos de militarización. Este seguía siendo un tema doloroso por una parte de la militancia, y así se dejó ver cuando se acordó proponer al capitán Calleja como técnico militar para dirigir los ataques, pero con la oposición de que fuese jefe de todas las fuerzas.

De desconocida transcendencia fue la aprobación, a petición de los delegados de Santa Lucía, de crear un tribunal popular en parte de León. Sí se conoce la repercusión que tuvo la proposición de la Milicias de Pola de hacer un llamamiento a la militancia para formar un batallón confederal de León, toda vez que de aquí surgió el batallón 206.

Durante el año de 1937, hasta la caída total del frente asturiano, se dio una mayor actividad organizativa, y los anarquistas leoneses, reacios siempre a la simple colaboración con otras formaciones políticas siguieron los acuerdos participativos de la Regional de Asturias, León y Palencia. Ésta había decidido participar en el Comité Provincial del Frente Popular que se formó el 6 de septiembre de 1936 en Gijón.

(…)

La CNT por su cuenta, afianzó su implantación en las localidades donde residía, habiendo plenos Comarcales donde se hallaban representados cerca de 1000 afiliados. El más numeroso era el sindicato de Cármenes (490 afiliados), seguido del de Villamanín (140) y Casares (108). También contaban Pola (70), el Sindicato de Transportes (51), Busdondo (46), Valdelugeros (26), Villasimpliz (25), Canseco, Industrias Ferroviarias, etc. Durante este período, como representantes a los Plenos asistieron Julio Patán y Francisco Suárez (por Cármenes), Camilo Rodríguez (por Casares), Julio Alonso (por Villamanín), Julio Lombas Díez y Germán Ordoñez Ballesteros (por Villasimpliz), Heliodoro Villa (por Pola)…

(…)

La acción sindical y confederal hubo de combinarse con la administrativa, propia de una situación de guerra. En este orden destaca la participación de la CNT en el Consejo Local Cooperativo de Villamanín, órgano encargado de la distribución comercial, y una de las mejores muestras de la práctica revolucionaria, en cuanto sustituía el comercio como actividad de lucro. Dependiente del Consejo General Cooperativo, estaba participado por UGT y CNT. Tras celebrar el Consejo Local reuniones los días 18 y 19 de abril de 1937, la CNT nombró en la de 21 de abril los representantes, con cargo de subgerente, en los despachos de Villamanín (Herminia Hidalgo), Busdongo (Santiago Díez Suárez)… Geras (Francisco González González), La Vid (Julio Lomas, con Pedro Gutiérrez Roca como dependiente), Santa Lucía (Piedad Blanco, con Benito Gutiérrez Martínez), Buiza (Ángel Pérez Camporro)… Pola de Gordón (Germán Ordoñez, con Florentino Blanco y Francisco Martínez).

LOS ANARQUISTAS EN EL FRENTE: SECCIONES EN LA POLA

Durante los meses subsiguientes al levantamiento militar, el trasiego de personas hacia la zona libre del Norte de la provincia y las tierras asturianas fue constante, y a veces, masivo.

(…)

Los refugiados se fueron agrupando por afinidad sindical o política y por razones de paisanaje. Los primeros intentos de organización defensiva se consiguieron con la formación de comités, y el 26 de agosto de 1936 ya aparece firmado un comunicado del Comité Provincial de las Milicias Antifascistas Leonesas, residente en Busdongo, y luego en Pola.

Los anarquistas leoneses, acostumbrados a situaciones difíciles, empezaron a agrupar a sus militantes en grupos de diez, con un delegado. Cuatro grupos de diez formaban una sección, al mando de un teniente, y luego una compañía, en una iniciativa espontánea dedicada a la defensa y a mantener una cierta estructura orgánica. Con este ánimo se formaron dos secciones en Pola (casi 100 hombres), una al mando de Lorenzo Martínez “el Ronda” y otra con el teniente Rodríguez, actuando Manuel Miguélez como capitán. Recibía el nombre de Batallón CNT nº 1. Tras una gestión infructuosa ante el comité de guerra para conseguir armamento, llevada a cabo por Ángel Izquierdo, se decidió ir a Gijón, al Estado Mayor. Allí fue Agustín Juárez con otro cenetista, pero tampoco les atendieron. A los pocos días, las dos secciones fueron incorporadas al batallón de Asturias nº 12, que se estaba formando en Avilés al mando de Mario Cuesta, de CNT. Juárez y otra gente, que soñaban con entrar en León, regresaron a Pola. Por la zona de Valdetejas-Cármenes, y bajando hasta Matallana-Valporquero actuaban también grupos de anarquistas, junto a otras fuerzas, articuladas en torno al comité de Valdeteja.

En Pola comienzan de nuevo a agruparse cenetistas leoneses con el fin de formar su propia unidad, con Manuel Miguélez y Ángel Fernández al frente. Se configura así el Batallón Asturias nº 6, también conocido como batallón Cármenes, integrado exclusivamente por anarquistas leoneses y germen del futuro [batallón] 206.

EL BATALLÓN 206. COMANDANCIA DE LA POLA

El comandante indiscutible del batallón fue Laurentino Tejerina Marcos, llegando a conocerse la unidad como “batallón Tejerina”. Manuel Miguélez González, que había ejercido on anterioridad labores de dirección, sufrió un accidente al despeñarse el coche bajando por la collada de Villamanín a Cármenes, teniendo que ser hospitalizado.

Constaba de cuatro compañías, al mando de los capitanes Laudino Díez González (1ª), Antonio García Dueñas (2ª), Luis de Prada Macía (3ª) y Enrique González Rodríguez (4ª), y una sección mixta con el teniente Laurentino Robles Fernández. Al morir Antonio García “el Gato” en la toma de Peña Ubiña, fue sustituido por Francisco Pascual Abad.

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La 1ª cía. Tenía su campo de acción en la zona Matallana-Vegacervera, mientras que la 2ª abarcaba por encima de Orzonaga, la Mina del Oro, hasta cerca de Pola, con el puesto de mando en Coladilla. Las otras dos compañías pertenecían a la reserva, estando el cuartel del batallón en las escuelas de Cármenes.

El armamento del que disponían era pésimo, con viejas espingardas y fusiles de todas las nacionalidades para los que resultaba imposible hallar munición. Aunque el problema era general en la zona republicana, al menos en una primera época, las quejas eran continuas motivadas por la diferencia de trato de unos batallones a otros a la hora de repartir el armamento.

Por lo que respeta al alimento, en un primer momento estaba a cargo del comité de guerra, teniendo casi siempre que proveerse sobre el terreno. Luego el aprovisionamiento era de suministro, realizándose desde Mieres.

Militarmente, con la creación el 24 de diciembre de 1936 del Consejo Interprovincial de Asturias y León se creó el Cuerpo de Ejercito de Asturias. En la leonesa se crearon cuatro comandancias: Belmonte, Puerto Ventana, Pola de Gordón y Cangas de Onís (sic).

El 206 pertenecía a la comandancia de la Pola, dirigida por el capitán Calleja. En febrero de 1937 los batallones se integraron en brigadas, constituyendo los de la comandancia de Pola la brigada nº 13, al mando del mayor de milicias Dositeo Rodríguez, y donde Antonio González estaba de delegado político y representante obrero. Un mes más tarde, buscando mayor eficacia, el frente de León quedó cubierto por la división 6ª del III Cuerpo de Ejercito, al mando del mayor Rodríguez Calleja, incorporando las brigadas creadas anteriormente. El Comité Regional de CNT nombró el 28 de abril a Antonino comisario de brigada.

De esta manera, el 7 de abril de 1937, aprovechando el deshielo, los hombres del 2006 combatieron en el sector de Correcillas. Tejerina y los suyos ocuparon las alturas del Cueto y otras posiciones a 4 Km de La Vecilla. Estabilizadas las líneas, en el mes de junio el batallón 206 fue destinado a la zona de Peña Ubiña, de donde al amanecer del 24 de junio las tropas franquistas habían desalojado al batallón 220 “Gordón Ordás”, llamado desde entonces el “recula”, ocupando su posición y ocasionándoles más de 20 muertos. Todos los intentos de recuperación sólo habían conseguido más muertes y pérdidas.

El 206, relevado por los hombres de 249 “Pola de Gordón” de Emilio Morán, fueron llevados de Cármenes de Busdongo y luego a Mieres. Allí permanecieron ocho días, y cuando ya se había corrido el rumor de que los iban a llevar a Bilbao, les armaron convenientemente y por Campomanes les transportaron hasta Tuiza, iniciándose la aproximación a Peña Ubiña. Primero la aviación enemiga, y luego la niebla y el mal tiempo dificultaron al máximo la operación.

Por fin, el 25 de junio, en medio de la oscuridad y la niebla y siguiendo las consignas de Tejerina, atacó la 1ª cía. Y a los diez minutos todas las demás. Al grito de “¡Viva la FAI!” se practicó una maniobra envolvente, acompañada de lanzamiento de bombas, que culminó en un rotundo éxito, cediendo los nacionalistas su posición. Al amanecer pudo comprobarse que se habían causado más de 50 muertos, algunos de ellos al despeñarse en la huida, y se recogieron una ametralladora, tres fusiles ametralladores, abundante munición de fusil, bombas de mano, víveres y mantas. El 206 sufrió la pérdida del capitán Antonio García Dueñas “el Gato”, y una docena de militantes, entre ellos Salvador Prieto, Bayón y otros.

En la reorganización que hizo el general Mariano Gamir Ulibarri al sustituir a Llano de la Encomienda, el batallón 206 quedó adscrito a la 186 brigada (al mando de José Recalde) de la 58 división (mayor Arturo Vázquez), en el XVI Cuerpo de Ejercito del teniente coronel Gállego Argües. El 9 de septiembre las tropas de los sublevados desataron la ofensiva. Al día siguiente, entre lluvias y vientos, la Agrupación de Múgica dominó la carretera de Aralla a Geras, protegida en su flanco izquierdo por otras unidades que acosaban a los hombres del 206, ocupando Oblanca. Ante esta situación, el 13 de septiembre se creó una Agrupación cuya misión era la defensa de los puertos de León, formada por las divisiones C y D. En la C, al mando de Luis Bárzana, estaba la 186 brigada, ahora al mando de Benito Reola, a la que pertenecía el 206. Con cuartel general en Mieres, tenía asignado el sector entre Puerto Pinos y Busdongo”.

Publicado en: «Historia del Anarquismo Leonés», por Ceferino Conti Vélez, José Antonio Fernández Gómez, Pablo Juárez Pérez, Juan Martinuzzi García y Wenceslao Álvarez Oblanca. Edición de Santiago García, 1993, pp. 160-172.

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